Terapia con parejas del mismo sexo

Terapia con parejas del mismo sexo

Terapia con parejas del mismo sexo. Terapia de parejas homosexuales.

Las parejas del mismo sexo que tienen una relación de convivencia y que intentan prolongarla en el tiempo, pueden tener conflictos o atravesar crisis del mismo modo que una pareja heterosexual.

El ideal de vida en pareja no es una exclusividad heterosexual y cada vez hay más gays o lesbianas que deciden vivir esta experiencia, al hacerlo enfrentan dificultades similares a las de cualquier otra pareja.

Sin embargo ni las bases de los conflictos, ni las terapias para la pareja son idénticas.

Hay muchas razones por las cuales estas terapias difieren de las de las parejas heterosexuales.

En principio las dinámicas al interior de la relación son diferentes y más flexibles porque no hay modelos y roles sexuales tradicionales que seguir o sobre los que generar conflictos.

Por ejemplo: Los miembros de las parejas de gays o lesbianas no asignan roles para las tareas de la casa, como si uno de ellos fuese el “esposo” y el otro “la mujer”. Aunque la división de tareas no sea equivalente, negocian mucho mejor la distribución de las mismas de acuerdo a los distintos intereses, habilidades y el tiempo disponible de cada uno.

Las parejas de gays y lesbianas tienen que adaptarse a la ambivalencia de una sociedad que en términos de discurso político acepta la homosexualidad, pero se crispa ante las demostraciones concretas de esas uniones, de allí la falta de espacios sociales abiertos donde puedan mostrarse como parejas, restringidos además por un medio social que todavía presenta marcadas señales de homofobia, esto hace que sea más común la interacción en grupos de pares o en lugares definidos como “gay friendly” donde se admitan los gestos de amor u otros sitios donde puedan desplegar su intimidad.

Un aspecto relevante, relacionado con ello, es que muchas parejas del mismo sexo reservan el secreto de su convivencia ante sus familias, sus conocidos, colegas o compañeros de trabajo, por temor a ser rechazados o discriminados. Este aspecto conlleva la posibilidad de que ambos no coincidan en el grado de visibilización deseado en su relación con los demás.

Mostrarse o invisibilizarse puede ser un tema de conflicto en la pareja, porque no necesariamente ambos coinciden en una de las dos opciones. Es frecuente que uno de los dos se muestre menos dispuesto a revelarse abiertamente, y facilitar el acuerdo de vida en pareja o el matrimonio (cuando se apruebe en Chile).

La decisión de permanecer en “el closed” o salir de el, son opciones que pueden cambiar de acuerdo a las circunstancias y a la evolución individual, pero ningún terapeuta debiera deslegitimizar una para ensalzar la otra. Ni condicionar la existencia de la pareja a igualar el grado de exposición deseado. El problema está en el compromiso, no en la demostración pública del vínculo.

Salir del closed nunca es una acción instantánea ni homogénea para todos, aún cuando no tengan ninguna duda en torno a su orientación. En el caso de las mujeres este conflicto es más común, porque ellas no necesitan rotularse como lesbianas para desarrollar una relación íntima y comprometida con otra mujer, por lo que se resisten a mostrarse como tales ante su familia, compañeros de trabajo o amigas. El temor presente en estas parejas es que el ocultamiento refleje la falta de compromiso y adicionalmente genera inseguridad tanto sobre la firmeza del vínculo como de la opción sexual. La persona asumida como lesbiana cree que la otra que no se muestra como tal, puede abandonarla para retomar un camino heterosexual marcado por el matrimonio y la maternidad.

Fenómenos tales como los celos, la posesividad (mayor en parejas lésbicas), la agresión, la lucha de fuerzas, las diferencias en torno al deseo sexual y a las prácticas sexuales, las dificultades en la comunicación o en la expresión de cariño, finanzas, estilo de vida, parecen ser similares en todas las parejas con independencia de su orientación sexual. Lo que parece diferente es el modo en que el conflicto es manejado. Las parejas de gays y lesbianas están más orientadas a la resolución consciente y comprometida de los conflictos que las parejas heterosexuales. Aunque sus tasas de separación luego de 10 o más años de convivencia son superiores (mayor entre mujeres que entre varones) lo notable no es esto, sino como son capaces de dar estabilidad a la relación sin soporte institucional (como el matrimonio), sin la presencia de hijos o barreras religiosas, familiares y sociales que puedan dificultar una separación que se anhela, pero que no se asume.

Muchas de las crisis en parejas estables de varones se presentan en las demandas de exclusividad sexual, que los estudios muestran como baja, en comparación con las parejas lésbicas. En sí mismo que una pareja sea exclusiva o abierta en términos sexuales, no determina la calidad de esa pareja, sino los conflictos que aparecen cuando alguno reclama exclusividad mientras que el otro elige la multiplicidad.

Si tomamos un modelo que muestre los elementos estructurales sobre los que se apoya una relación de pareja, este debería ser útil tanto para una pareja heterosexual como homosexual. El modelo triangular que incluye pasión, intimidad y compromiso es válido en la medida que muestra elementos generalmente presentes en una pareja que se identifique como tal y también lo que sucede cuando estos se debilitan o ausentan.

Si una pareja no ha logrado superar sus conflictos autónomamente pueden recurrir a una asistencia externa, sea en forma de orientación o psicoterapia.

Sin embargo la elección de un terapeuta no es sencilla, porque debe encontrarse a quien garantice que la terapia este libre de prejuicios o preconceptos y comprenda las características especiales de estas parejas. El sesgo negativo resulta de creer que los problemas que se presentan se deben a los conflictos en torno a la homosexualidad, pasada o presente.

Es cierto, que el desarrollo psicológico y social de los gays o las lesbianas esta marcado por un proceso de diferenciación y asimilación de una orientación sexual diferente a los grupos con los que creció, y que este proceso puede ser más o menos conflictivo, dependiendo de la familia, la escuela, los grupos de pares o las propias contradicciones del sujeto. Aún así no es correcto asociar cualquier trastorno personal o del vínculo con esa historia, porque ello genera automáticamente una focalización terapéutica inadecuada.

En resumen, considero que con las salvedades anunciadas, las parejas compuestas por personas del mismo sexo se benefician de una terapia, sin que su orientación sexual establezca una diferencia profunda en los métodos y las técnicas utilizadas. No son pacientes “especiales”, ni requieren terapias “especializadas” sino las dirigidas a individuos que desean que su pareja funcione y les brinde felicidad.

Por Roberto Rosenzvaig