¿Pareja o amigos?

¿Pareja o amigos?

Somos amigos.

Somos más que amigos.

Somos solamente amigos.

Tres construcciones diferentes con un eje común, la amistad. Sin embargo las tres son radicalmente distintas.  La primera expresa un sentimiento profundo que se comparte con pocas personas, porque es altamente improbable tener “un millón de amigos” como deseaba Roberto Carlos.

La segunda afirmación se remite a una relación que aún no se define totalmente, pero que implica un vinculo íntimo que probablemente progrese hacia una relación.

La tercera -que es la que más me interesa desarrollar en este artículo- puede sonar de dos formas distintas: como excusa o justificación de una relación que no quiere develarse ante los demás (típico de la prensa del corazón) y que seguramente enmascara algún tipo de vínculo mucho más cercano que el declarado. O en su segunda acepción, como una lapidaria declaración de una pareja que alguna vez se unió por un vínculo diferente a la amistad.

Cuando los miembros de una pareja afirman: Somos casi amigos o parecemos amigos, la referencia es clara, han constatado que la pasión ha desaparecido de su vida en común.

En las consultas de los terapeutas de pareja aparecen cada vez más, personas jóvenes con pocos años de matrimonio o convivencia, genuinamente preocupados porque su vida sexual ha ido decreciendo en calidad y frecuencia. Ellos no pertenecen a una generación que se resigne a una vida erótica plana, por el contrario quieren sentirse enamorados y seducidos por aquella (aquel) con quien han decidido vivir y proyectar un futuro. No admiten un estado crónico de desinterés sexual que suponen –con razón- los llevará a la aventura sexual o a la separación.

Su distanciamiento sexual, no es un producto previsible del desgaste de los años, la crianza, la falta de tiempo o el estrés, sino que aparece como un convidado de piedra indeseado e inesperado, que se contradice con las buenas, cordiales y entretenidas relaciones que mantienen en otros aspectos de su vida en pareja. Es por eso que se comparan con amigos o lo que sería peor con “hermanitos”.

En ocasiones he escuchado por boca de estas parejas que preferirían llevarse francamente mal, porque eso les explicaría su falta de iniciativas eróticas, sobre las cuales- la mayor parte de las veces- carecen de explicación.

Por ello, cuando llegan a terapia, se trata de profundizar en la historia de cada uno,  tratando de encontrar las pistas que señalen si existe algún factor individual inhibitorio mantenido en las distintas parejas sexuales que pudieron haber tenido, o si por el contrario, se percibe una línea divisoria identificable, en un antes y un después en su vida sexual diferente de las anteriores.

Una línea clave es aquella que permite constatar en la historia de esa pareja específica, es si la química y la pasión estuvieron presentes en algún momento de su desarrollo, o si estas fueron casi una excepción.

Muchas veces se llega a la certeza de que ese pasado compartido, que ellos sienten como “normal”, nunca fue intenso o solo en ocasiones. Es decir, que desde el comienzo se mostraron amablemente desapasionados. No se entienda que sus relaciones fueran vacías y frustrantes, porque ello hubiese producido una señal evidente difícil de evadir, probablemente eran funcionales y moderadamente placenteras.

Frente a este escenario de reconocimiento de una debilidad basal en su vínculo surgen una serie de elementos que pueden explicarla.

En primer lugar las razones positivas que unen a esas dos personas: La comunicación, la confianza, la seguridad, incluso la capacidad de divertirse y disfrutar juntos de distintas actividades, la facilidad con que toman acuerdos y superan las diferencias.

No es casual que los familiares y amigos con quienes se vinculan los encuentren las parejas perfectas.

¿Quién podría dudar que esos atributos hacen que uno esté convencido de que ha encontrado la pareja ideal?

Muy pocos, porque el tema sexual se pondrá en primer plano a partir de la convivencia, no antes. Así que ellos, convencidos casi totalmente de su estado sincrónico, siguen adelante hacia la convivencia o el matrimonio, aunque en ocasiones aparece una sombra de duda (especialmente en ellas) una pregunta fatídicamente certera sobre la verdad de sus emociones, que acallan, porque se casan con la cabeza, con la seguridad y con un indudable amor que rápidamente se trasformará en ternura.

Y todos sabemos que la ternura es de esos peluches que se abrazan recordándonos la infancia y también que nadie quiere un peluche pasados los 15 años.

Muchas parejas suelen olvidar que el sexo es complementariedad pero no de cualquier tipo. El sexo es también sorpresa. Distancia y también acercamiento. En la cama entenderse no es siempre ser un cómplice del otro. En la cama, la racionalidad suele no servir demasiado.

Tanto si hablamos de relaciones heterosexuales u homosexuales, siempre el otro es otro.  No es tu hermano ni el que te entiende todo, no es tu amigo del alma sino que tiene que ser un amante. ¿Y qué es un amante?

Vamos a arriesgar a decir que se parece demasiado a lo que dice  Gianluca Grignani en “Mi Historia Entre Tus Dedos”

¿Por qué esta vez agachas la mirada?

me pides que sigamos siendo amigos.

¿Amigos para qué? ¡Maldita sea!

A un amigo lo perdono, pero a ti te amo.

Por Pablo Rosenzvaig